• Te ridiculiza: Si te hace sentir inferior, torpe o inútil, «el menosprecio, el control y el aislamiento suelen ser los mejores indicadores de que algo no va bien en una relación. Las mujeres que sufren violencia psicológica no identifican los primeros insultos y amenazas como signos de maltrato. Cuando surgen, sienten que son culpables de activar la respuesta de sus agresores. Es fundamental poner fin a la situación desde los síntomas iniciales».
  • Te aísla: Si te impide relacionarte con familiares o amistades o incluso si se pone celoso o provoca peleas, no te ciegues. ¡Despierta! Laura Ruiz de Galarreta, directora General de la Mujer de la Comunidad de Madrid, recuerda que una relación saludable «es aquella basada en la confianza y el respeto mutuo. Si te sorprenden elcontrol y los celos, ten en cuenta las siguientes actitudes: si vigila tu manera de vestir, si no expresas tus opiniones libremente por miedo a su reacción, si revisa tu teléfono móvil y tus redes sociales, si continuamente te sientes inferior, si has dejado de salir con tu círculo de amistades porque no le caen bien…: ¡reacciona!. No permitas estas situaciones porque son manifestaciones inequívocas deviolencia de género».
  • Te insulta: Si te amenaza, te humilla, te grita o te descalifica en público o en privado, ¡peligro! No debes consentirlo. «El problema es que la sociedad española no acaba de entender que eso es maltrato», lamenta la delegada del Gobierno para la Violencia de Género, Blanca Hernández, con datos en la mano: «El 7% de la población tolera las amenazas verbales y el 9% el maltrato psicológico de desvalorización. Además, el 14% considera aceptable la restricción de libertad y el 31% de los encuestados acepta el control de horarios sobre la pareja». Marisa Soleto asegura que «la mejor forma de no caer en esta espiral es mantener una relación afectiva equilibrada, basada en el respeto, la confianza, la cooperación mutua y el reparto equilibrado de responsabilidades y tareas, sin establecer relaciones de subordinación».

Espiral ‘in crescendo’

  • Te culpa: Si tú eres responsable de todo, ¡reacciona! Para muchas mujeres resulta heroico trascender tantos siglos de legado culturalmachista. «Es evidente que los insultos, la humillación, la culpa y toda la violencia psicológica son signos de la histórica estructura patriarcal de nuestra sociedad, en la que se perciben estas actitudes como normalizadas e indicadoras de la naturaleza masculina», sostiene Ángeles Carmona, del CGPJ.
  • Te amenaza: Si dice que va a hacerte daño a ti o a tu familia, ¡protégete! Según Ana de Miguel, profesora de Filosofía Moral y Política en la Universidad Rey Juan Carlos, «las mujeres somos domesticadas para la sumisión desde pequeñas y recibimos el mensaje de que tenemos que aguantar y soportar porque ellos son así».Yolanda Besteiro, presidenta de la Federación de Mujeres Progresistas, lamenta la existencia de un «ideal de comportamiento en el que debemos ser obedientes y no rebelarnos nunca. Vivimos en función de otros y para otros. Consideramos natural lo que es un ataque a nuestra dignidad. El patriarcado está instalado en todas las esferas de nuestra vida y es muy poderoso. Hay que visibilizarlo para acabar con él».
  • Te da miedo: Si te asustan su mirada y sus gestos es porque sientes que estás en peligro: ¡cuéntalo!, ¡pide ayuda! Blanca Hernández hace hincapié en que incluso mujeres profesionales normalizan elmaltrato, «la violencia crece y ellas cada vez se sienten más culpables. Con más formación, sienten más vergüenza y eso las lleva a un mayor aislamiento».

Lo confirma Ana María Pérez del Campo, presidenta de la Federación de Mujeres Separadas y Divorciadas: «La violencia no depende de la formación cultural. Tenemos personas sin estudios, pero también catedráticas, médicas, científicas y políticas. Tampoco tiene que ver con el dinero, sino con los roles. Los machistas utilizan a sus parejascomo escaparate de su poderío. Las cubren de pieles y joyas y después las insultan, las desprecian o les pegan. La única diferencia es que, a las que tienen mayor formación y posibilidades económicas, les resulta más fácil superar el terrorismo de género que se ejerce a través del miedo y la dependencia. La víctima pierde su identidad. Lo primero que hay que hacer es tenderle la mano e invitarla a hablar».

Tus hijos y tú sois víctimas

La violencia ya no es solo verbal: en la tercera fase es explícita y la sufren la madre y los hijos. ¿Quieres seguir viviendo así? Si la respuesta es no, busca ayuda. Y ten mucho cuidado, porque el mayor peligro acecha cuando las víctimas anuncian que se van a separar. La orientación previa y el apoyo de personas especializadas es vital antes de mencionar palabras como ‘separación’, ‘abandono de la casa’ o ‘denuncia’. Recuerda que no estás sola y que puedes acabar con esta situación antes de llegar al extremo.

  • Te agrede: Si te ha puesto la mano encima alguna vez, ¡no esperes a que se repita! «Es normal que tengas miedo a equivocarte, que sientas que aún le quieres. A menudo buscamos razones para justificarle (‘es celoso porque me quiere’, ‘perdió los nervios porque tiene mucha responsabilidad’, ‘si soy buena esposa/pareja cambiará’) o para minimizar la violencia (‘no fue para tanto’, ‘le pasa a todo el mundo’). Estas creencias son falsas y pueden confundirte, debes saber que tú no provocas ni eres culpable y que no hay ninguna razón que justifique las agresiones», subraya Laura Ruiz de Galarreta.
  • Te fuerza: Si te ha obligado a mantener relaciones sexuales en contra de tu voluntad, ¡no lo consientas! Y no olvides que es delito. La escritora Laura Freixas denuncia que existe una «absoluta falta de conciencia del papel de la violencia en nuestra cultura» y denuncia la frivolización de las violaciones. Laura Ruiz de Galarreta constata que muchas víctimas se oponen a denunciar «por miedo, culpabilidad, vergüenza, falta de apoyo social o familiar o por la dependencia económica del agresor. Su resistencia puede provocar incomprensión en el entorno, pero la ayuda de personas cercanas (familiares, amistades, compañeros de trabajo) es esencial». Hay salida y muchos recursos a los que acudir.
  • Te chantajea: Si te amenaza con quitarte a tus hijas e hijos en caso de dejarle, también te está maltratando. Es importante tener en cuenta que los menores son las víctimas invisibles y más vulnerables de estas situaciones. Ana María Pérez del Campo reclama «formación obligatoria para los jueces en violencia de género».